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OFUNAM Programa 8 Tercera Temporada 2017
Martes, 05 de Diciembre de 2017 142 Juan Dimas Córdova 0

OFUNAM Programa 8 Tercera Temporada 2017


Los tiempos de guerra, aparte del todo el dolor y daño que causan, dejan una marca muy honda en la gente que los padece y es quizá en los artistas donde más notoriamente se hace evidente el carácter sombrío que permea en sus obras. Hace cien años la revolución bolchevique encumbró una minoría de gente que quizá en un inicio tenía buenas ideas y grandes ideales y que buscaba una hermosa igualdad para todos los seres humanos, cosa que desgraciadamente derivó en una tiranía que, en los años más álgidos de su régimen, decidía hasta la forma en la que todo individuo debería de pensar. 


Así, la exquisita opulencia cultural del pueblo ruso fue condenada y dejada de lado a favor de los ideales proletarios (no obreros como decía el marxismo, sino campesinos pues Rusia era una sociedad principalmente rural en aquel momento) y lo más hermoso que podía uno imaginar era una robusta campesina con pañoleta y los cachetitos muy chapeados segando las mieses al rayo de un tímido sol. 



Kabalevsky fue un artista que supo alinearse a los cánones dictados por el Soviet Supremo, sobre todo en la época stalinista. Su ópera Colas Breugnon, basada en la novela homónima de Romain Rolland, retrata la vida de un hombre simple de pueblo que ante la adversidad, mantiene su optimismo a toda prueba y aun en contra de los tiranos en el poder, burlándose de ella, empoderando al hombre sencillo y simple; este discurso viene muy bien al régimen bolchevique para legitimar su causa. La música de la obertura es alegre y optimista, brillante y con grandes influencias del riquísimo folklore ruso, semejando por momentos un delicioso cuento infantil. 


En contraposición su Concierto para Cello No. 2, escrito en una época poststalinista, proyecta un discurso vanguardista, mucho más personal y en el cual encuentro declaraciones variadas, nacidas desde la reflexión, una opinión personal acerca de la guerra, el espanto, el miedo permanente a un régimen avasallador que marchita los impulsos del hombre, la rabia pero también la esperanza, el ser consciente del pensamiento propio, el aceptar quizá en la más absoluta intimidad que se tiene un pensamiento propio, más allá de lo dictado por el régimen, lo que proyecta la iluminación de la razón sobre la obra del artista, ese tomar valor para atreverse a decir lo que se piensa o lo que se siente a través de la ambigüedad conceptual de la música. 


Este concierto es deslumbrante y enriquecedor como una plática con un interlocutor inteligente; la alternancia de los discursos, en voces de la orquesta, el solista o algún otro instrumento, crea una atmósfera ambigua, entre la belleza y la desesperación que sin embargo lleva al arte a enarbolar la bandera de la libertad final. 



Shostakovich, en varias ocasiones, tomó algunos hechos históricos como inspiración para crear sus obras. La Sinfonía No. 12, llamada El Año 1917 conmemora los hechos revolucionarios que llevaron a los bolcheviques al poder en Rusia. La sinfonía mantiene un tono heroico y grandioso, que de alguna manera no está exento de un aura sombría, a través de los movimientos encontramos diferentes ambientes, la exaltación épica de la victoria proletaria pero también la sombra de las grandes construcciones institucionales que someten y anulan al individuo; cierta placidez invernal, lejos del calor, perdido en las estepas pero sin prisas por reencontrar la ciudad. 


Los temas principales son simples, como la música campesina que encumbraba el régimen soviético pero que en manos de Shostakovich, lo simple se convierte en un grandioso discurso musical de estética perfecta lo que nos deja finalmente con la nobleza de los ideales del compositor, más allá de la imposición de los ideales gubernamentales. 


Este concierto nos propuso música que demuestra que el artista nunca puede sustraerse del todo a las circunstancias sociales de su vida, al final las obras hablan de su realidad histórica y sin embargo, el arte nos salva de las atrocidades que el hombre comete en contra del hombre. El maestro Zollman en la batuta y que siempre es un gran placer tenerlo al frente de la bellísima Ofunam, que no se si sean mis nervios o qué, pero me parece que siempre que se juntan, la orquesta suena un poquito más brillante y alegre. Una noche encantadora y sobre todo, reflexiva. 


OFUNAM Programa 8 Tercera Temporada 2017

Ronald Zollman, Director Huésped 

Leonard Elschenbroich, Violoncello 


Obertura de Colas Breugnon

Concierto para Violoncello y Orquesta No. 2 en Sol Mayor, opus 77

Dmitri Kabalevsky (1904–1987)


Sinfonía No. 12 en Re Menor, opus 112, El Año 1917

Dmitri Shostakovich (1906–1975)


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