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El feminismo se puso de moda a la mala
Miércoles, 03 de Enero de 2018 1410 Rock 101 0

El feminismo se puso de moda a la mala


Por: Alex Salas / @WinyCuper


Feminismo es una palabrita que desde hace unos años hace un ruido incómodo  en el oído de varios y varias (hasta aquí llegó mi flexibilidad lingüística incluyente) y más allá de ruido, es como un dolor molesto, como esa piedrita en el zapato que trastorna todo tu día y es que no, pareciera que un país como México aún está muy verde en materia de practicar sus feminismos.


Veamos, en primera, esa doble moral que nos caracteriza, que nos hace criticar las injusticias por corromper al poli; que nos hace hablar de lo huevones que son los demás pero que nos molesta cuando nos piden algo extra; esa hipocresía que pareciera nos dan en la leche o por vía intravenosa recién nacidos que nos hace buscar siempre sacar ventaja haciendo el mínimo esfuerzo y burlarnos de los abusos que cometemos. Esa que nos hace llamar lame huevos o puta a alguien que acaba de ascender de puesto, esa misma falsedad que nos hace ser fieles creyentes del santísimo matrimonio mientras tenemos relaciones falsas donde reina y prevalecen las infidelidades, las mentiras y la frustración.


Luego viene la flojerita que nos mantiene a la expectativa de la información exprés que nos brindan las redes sociales. Textos de fácil digestión que nos hacen sentir informados, pero lo cierto es que es información vacía. Como si nos llenásemos de pura agua. Y es así que surgen nuevos líderes de opinión, ahora llamados influencers, jóvenes en su mayoría que, atiborrados de información vacía, usan YouTube como pódium para validar sus opiniones tan profundas como un chapoteadero.


Finalmente estas ganas infinitas mexicanas de querer tener la razón, o bien, de querer demostrar ser el chingón cunado lo cierto es que más bien ya te chingaron.


De este caldo de cultivo está alimentado el machismo que en el año de 2017 cobró la vida de cientos de mujeres cuyo peor pecado fue tan solo eso, ser mujeres que decidieron caminar solas por la noche, abordar un Uber o Cabify, vestirse con ropa ajustada o simplemente tomarse unas cubas la noche de un viernes. Esta cifra parece no molestarle a nadie pero a todo el mundo parece disgustarle la palabra feminismo. Y no es para menos, si el muy maldito nos ha robado la tranquilidad de los hogares ahora que las mujeres empoderadas buscan su independencia, salen de fiesta, abandonan a sus hijos, ¡o los crían solas! ¡vaya osadía!  A ellas se les llama luchonas por tratar de salir de adelante con el crío que le dejó su amorcito pero y que además se atreve a tomarse unas cervezas los viernes.


Y nos molesta la palabra feminismo porque su morfología supone una superioridad femenina. Algo así como las reinas de todo o pasar por encima de los hombres, y así de pronto nos comenzamos a preocupar por como suenan las palabras mientras en Toluca, en Puebla y en Ecatepec se siguen muriendo mujeres.


Hay quienes dicen, en un esfuerzo más lógico (que no teórico) que favorecer tal o cual ideología tarde o temprano provoca un caos irreversible en los tejidos más profundos de la sociedad; ruptura que favorece la desconfianza y la organización colectiva, y es que los seres solitarios y temerosos, esos que no salen a la calle después de las 8 pm porque es peligroso, o que no se entrometen en multitudes porque algo malo puede pasar, esos que no salen de su colonia porque podrían asaltarlos, esos son los favoritos de la Doctrina del Shock de la que habla Chomsky, el miedo del que se alimentan las ambiciones del sistema que nos rige. Pero las ideologías separatistas justamente se alimentan de egos engordados y lógica imprecisa y un sentido común sin sentido.


Hay que tratar de entender que las teorías como el feminismo nos muestran tan solo un mosaico del paisaje, misma que nos ayudará a comprender, más no a solucionar el problema de violencia de género en nuestro país, ya que para lograrlo hace falta algo mucho más allá del feminismo, algo como una nueva generación  de varones y mujeres educados bajo una conciencia de género para comprender que bajo el sol todos los humanos somos iguales.


Es por esto que llamarte a ti mismo como un varón feminista, no te salva de practicar el machismo, así mismo, el solo hecho de haber nacido mujer por biología, tampoco te exime de haber sido educada bajo estos estándares que pareciera vienen inmersos en nuestro código de barras sanguíneo.


Amigos y compañeros que buscan desesperadamente opinar y formar parte de una nueva forma de interrelacionarse con las mujeres sin ser violentos preguntan cómo pueden hacer para dejar de ser machistas, y buscan colarse a la fuerza en marchas separatistas y pretender saber más de los derechos de las mujeres que las propias mujeres. Desgraciadamente la única forma de romper con la cadena de violencia es precisamente negarse a sí mismo como varón privilegiado y comenzar a observarse como un ser humano. Esto se hace no siendo cómplice de prácticas machistas como solapamientos de violencia, clubes de Toby del sabroseo o enjuiciando a las  mujeres. Esto de hace denunciando al amigo violento o al familiar abusador. Esto se hace asumiendo que ningún otro ser humano está por debajo de nosotros.


El México violento exige de sus varones y mujeres relaciones equitativas, empáticas y conscientes que nos ayuden a conformar una sociedad que pueda recrear lo colectivo para retomar las calles, la confianza, las caminatas nocturnas y los juegos callejeros que alguien que se siente más poderoso que nosotros cree que nos puede quitar.


Nos queremos vivas

Nos queremos vivos

Nos queremos juntos


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