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La banda elástica
Miércoles, 22 de Marzo de 2017 3342 Rock 101 0

La banda elástica

 

Por: B7XO / @Btxo

 

Los grupos de rock son como las ligas, punto y no hay regreso. Lo que en realidad mantiene unida a una banda es su creatividad y el nivel de intensidad que ésta vaya logrando dentro de las filas. Es decir: la cohesión entre los miembros de una banda depende no de la camaradería o la personalidad de cada uno sino de la manera como la capacidad creativa va uniendo las piezas. Si todo dependiera del carácter de cada persona, bueno, no habría grupos de rock sino puro solista.

 

¿Por qué la referencia hacia las ligas? Simple. Porque la banda va estirando su creatividad poco a poco, con cada disco; por eso también los discos deberían ser conceptuales y no sólo una colección de sencillos en busca de audiencia, como si cada melodía compitiera con la otra. La creatividad es la que mantiene unidos a los miembros de la banda y, por ende, en evolución, hasta que llega un momento en el que la banda se estira tanto que, o se rompe, o se afloja y pierde tensión. O nunca se estira, de plano.

 

¿Cómo llegué a esto? Viendo el 'Some kind of monster…' de Metallica. ¿Cómo llegué al documental? No tengo idea, pero pareciera que tengo que escribir de Metallica a cada rato. En la pieza fílmica, que aparentemente todo mundo ya había visto menos yo, es posible observar la lucha de egos de Lars y James, la ahuevada pasividad de Hammet y la intromisión de un terapeuta quien con Bob Rock hacen de nanas de tres adultos asustados que se agreden mutuamente. Newsted se ve a cuadro señalando que eso le parece una insensatez y uno es testigo de la hechura de un disco muy malo con un largo y terrible proceso de trabajo. Las canciones de 'St. Anger' se crearon con un proceso similar a seguir un libro de instrucciones de Lego y, por ende, carecen de espontaneidad.

 

 

Es decir: la liga creativa de Metallica se aguadó, perdió tensión como sucedió con U2, The Cure y miles más. Algunas, como la de Nirvana, se quedó a la espera de hallar, quizás, su mejor momento porque en realidad no se había estirado lo suficiente.

 

Sé de muy buena fuente que el colectivo creativo de un grupo de rock nacional, cuyo nombre me reservo por ética, se lleva terriblemente mal fuera del estudio, las giras, etcétera. Más aún, entre ellos no se toleran en absoluto pero existe un punto en común, precisamente esa comunión artística que les permite hacer música, estirar la liga en el mismo sentido, aun cuando su sonido siempre haya sido ecléctico. Porque, finalmente, aunque al parecer los románticos lo hayan olvidado, la música es un negocio y un grupo es una empresa con sus reglas y leyes y códigos internos cuyo deber es llegar a un buen fin, con ganancias en lo económico y lo creativo. Eso no significa que no deba haber espontaneidad.

 

Uno de los principales mitos alrededor de la música radica en la fantasía de las historias románticas que, presuntamente, derivaron en la formación de una banda: una casualidad, alguna amistad en común, etcétera. En la mayoría de los casos es ficción pero tiene un objetivo: aderezar el mito alrededor de un grupo. Conociendo a un tipo tan mercenario financieramente como Brian Epstein, cómo saber si es cierta la historia que se mienta alrededor del descubrimiento de los Beatles, o si sólo fue una estrategia de mercadotecnia. Finalmente la inclusión de Starr en el lugar de Best fue algo más concerniente a la técnica de Malcolm McLaren.

 

Hace una década, cuando era becario del FONCA, una persona que trabajaba en una compañía de discos me pidió que escribiera la biografía de cierto nuevo lanzamiento de mexican happy punk, y como todos somos mercenarios dije que sí porque el cheque y la libertad creativa eran demasiado jugosos. Finalmente no hubo lanzamiento y, para no tener la cosquilla de lucrar con eso de nuevo, es decir, de revelar quién me contrató como negro de un grupo de niños bien metidos a punks, quemé la única copia física y eliminé el archivo de mi PC. Ni siquiera recuerdo el nombre de la banda pero era algo referente a una bicicleta. ¿Por qué iba a mentir? ¿Por qué iba a jugar con la gente? ¿Cómo iba a sentirme al ver que en las entrevistas dichos “músicos” contarían, de memoria, lo que yo había escrito? Por qué todo lo anterior si es precisamente algo que detesto.

 

Lejos de considerar a los avances tecnológicos y las plataformas de streaming que permiten grabar, producir y difundir música como los culpables de la falta de movimiento en algo que se llama pomposamente “movimiento”, todo señala que las bandas noveles han perdido su capacidad de sorpresa. Sí, todo está inventado pero siempre se le puede dar un giro interesante. Con eso no digo que no haya muy buena música actualmente.

 

Pareciera que existe un miedo total por estirar demasiado la liga hasta romperla. Y en todo caso sería más interesante quebrar una y otra vez la liga hasta encontrar una de buenas dimensiones y mejor hechura. Una que permita mayor campo de maniobra para un estilo. Radiohead estuvo a punto de romper su liga con una barrabasada comercial involuntaria como 'Creep', y prefirieron meter la liga al horno para comenzar a estirarla poco a poco con base en un estilo que evoca, sin dudas, a una liga bastante maleable pero que también tiene un punto sin retorno.

 

Una banda de rock no es un conjunto de personas sino de ideas, es un ente orgánico que nace, vive, respira, comete errores, tiene éxitos, se estira y muere. Y de la misma manera hay que consentirlo o regañarlo cuando es necesario, y ahí es en donde entramos los analistas musicales, el público, los cronistas, etcétera.

 

Se trata de hacer algo más que sólo escuchar la canción. Porque, a pesar de ir contra la esencia del rock, en él todos tenemos una responsabilidad. Si es que lo queremos tanto.  

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