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Yo dije que no… Café Tacvba dijo sí
Miércoles, 31 de Diciembre de 1969 14543 Rock 101 0

Yo dije que no… Café Tacvba dijo sí


Por B7XO (@Btxo)

 

México es más un país de mitos que de leyendas, aquéllos vertidos por dos tipos de personas: los ignorantes o los que quieren un país de ignorantes. Si, por ejemplo, las cifras de diagnóstico de cáncer mostraban un incremento leve pero sustancial que coincidía con el aumento en las ventas de los hornos de microondas ya, per se, los hornos de microondas provocaban cáncer pero de todas formas nadie dejaba de utilizarlos. 

 

Eso en términos de salud pero también en cuestiones musicales México colecciona, y hasta presume, algunos mitos; a saber de algunos:
a) Grupo que anota un jonrón se vende.
b) Caifanes fue el mejor grupo de la historia de la música popular mexicana. 
c) En gustos se rompen géneros (ustedes disculparan la frase hecha).

 

El inciso “c” es evidentemente un mito porque si fuese verdad todo el mundo escribiría de música y no se trata de eso, porque si bien las sensaciones que provoca toda manifestación artística tienen que ver con el gusto, éste no siempre es atinado y requiere de un guía –de ahí que existamos los analistas– para que los espectadores no confundan reguetón con arte. El inciso “b” más que un mito es una grosería y el inciso “a” me lo tragué con carnada, anzuelo, sedal y caña. 

 

Y todo aquello me refiere a dos palabras con las que alguna vez no estuve de acuerdo: Café Tacvba. Y es que el fin de 2016 coincidió con un nuevo acercamiento personal hacia la música de los cafetos por medio del sencillo 'Futuro' y del libro biográfico que recientemente publicó el maestro Enrique Blanc

 

Comenzando con el sencillo sentencié, después de escucharlo una docena de veces mientras procrastinaba la vida y lo publicaba en Facebook, que seguía apendejado con el video, simple pero agradable visualmente gracias a esa textura de cómic oscuro, y con la manera como estos tipos habían lustrado y engranado las bases de una simple cumbia. Arrabal con luces de neón, pensé, utilizando una imagen muy ochentera, y luego aseguré, sin temor a la crítica, que, para variar, estos tíos labraban otro caminito, otro punto de fuga para alcanzar el nivel de un ejercicio similar al que habría conseguido Kraftwerk versionando, por ejemplo, el 'Yiri Yiri Bom' de Silvestre Méndez, en versión de Beny Moré. Y hermano ambas canciones porque el Yiri Yiri Bom lo escuché en mi niñez hasta el cansancio ya que mi abuela de sangre francesa estaba loca por las cumbias más oscuras con sabor a vudú. 

 


“No es vanguardia, es una cochinada simplona”, dijo quien abanderó la avalancha de reclamos generada por mi atrevimiento. Si bien es cierto que desde finales de la primera década del siglo XXI esto se hacía con regularidad, no se trataba de un hecho aislado sino de una consecución dictada por las nuevas formas de hacer música (Sonido Gallo Negro, por ejemplo). Así, mientras que en el caso de CT se trata de una ocurrencia típica que forma parte del crisol tradicional de los de Ciudad Satélite, un guiño entre muchos otros gestos diferentes, para Sonido Gallo Negro la cumbia electrificada era un todo. 

 

 

A Café Tacvba lo conocí a finales de los ochentas gracias a un cassette pirata comprado en el Tianguis del Chopo que me prestó mi amigo Raúl, con quien en esas tiernas edades formé un dueto de DJs llamado Los Elegantes, y me pareció la perfecta excusa para retomar esa educación oscura proveída por el Yiri Yiri Bom mezclada con algo que era rock pero al mismo tiempo no. Era como The Cure en cantina con rockola de cinco pesos. Luego los vi en directo en La Última Carcajada de la Cumbancha (LUCC) con un sonido esquelético y venenoso y me fasciné tanto como mi papá la primera vez que los escuchó en ese cassette Sony de 60 minutos. Y precisamente lo que me gustó de ellos –a diferencia del sonido de Maldita Vecindad y Caifanes que sin ser malo era evidente– radicaba en que tomaban elementos de mexicanidad urbana poco apreciados en el circuito elitista del rock, les escupían, los metían en una pica lica Moulinex y te sorprendían. 

 

Hace unas semanas, como invitado en la cabina de Rock 101 para hablar sobre la muerte de 2016, referí que no defendía nada de la nueva música porque me parecía algo que ya había escuchado muchas veces en distintas décadas. No obstante, ante ese aparente lustre y la asepsia del sonido actual 'Futuro' me parece lo más refrescante hasta ahora tanto como me lo pareció en su momento el 'Turn on the bright lights' de Interpol. 

 

Sin embargo, después de que CT grabara su primer disco con Warner me alejé de ellos mentando madres por haberse “vendido”, por haber suavizado su sonido y porque el ejército de fans parecía no entender, más allá del análisis de la masa, lo que estaba sucediendo. Con esa mentalidad negativa que duró unos lustros entrevisté a Meme y Rubén en la terraza de un hotel de cinco estrellas dos días antes de su concierto en el Zócalo y me hablaron precisamente de la manera como enfrentaban a la brava los paradigmas del pop nacional, un ingrediente esencial en su derrotero. “Ven al concierto y tu idea va a cambiar”, me dijo Meme y me entregó un gafete all acces. Dos días después le di la razón y, si bien hay canciones que no tolero ni en los peseros, reconozco que el inciso “b” es un mito porque las necesidades del escucha nacional están bien saciadas y arropadas por CT. Así que las críticas negativas de quienes no son analistas musicales me vienen guangas. 

 

Por otro lado, el libro de Enrique Blanc condensa en 352 páginas un argumento innecesario pero iluminador para explicar los motivos del grupo y, logrando lo que no pudo el documental Seguir siendo, ilustra el camino que siguió el pop nacional a partir de su llegada a los escenarios en sus cinco sentidos y sin caudillos mentirosos, aglutinando en perfecta sincronía a todas las clases sociales en tugurios como LUCC, Rockotitlán o El 9

 

Finalmente, en algunos casos, para conocer los motivos de ciertas bandas es necesario recular en su historia, darle al arte de YouTube y reconocer los errores propios cegados por el gusto personal, no obstante, con CT basta con escuchar lo que van liberando poco a poco para darte cuenta de la importancia de su sonido en la historia y de los cientos de malos émulos que presumen de vanguardia. No todo es guitarrazo, ya se los he dicho, pero parece que nadie lo entiende. 

 

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