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 Crónicas y Conciertos. Led Zeppelin en México
Domingo, 14 de Mayo de 2017 13098 Rock 101 0

Crónicas y Conciertos. Led Zeppelin en México

Por: Julio César Osnaya / @34Bogas

(Febrero 1979)

 

Caminaba iracundo por las calles pues mi mujer me había abandonado, lo que básicamente significaba haber perdido el sexo más desenfrenado e intemperante; durante esa marcha sin rumbo, solo le daba vueltas a esas romanas escenas de incontenible e insaciable placer, en fin, paré en un puesto de periódicos, vi los encabezados de algunos diarios y después me detuve en Su otro yo1, en la portada, Grace Renat2 resucitaba mi ansia, la demolía y la dejaba ardiendo, sin contar las fantasías que esa imagen anidaba en mi inquietud, me perturbaba el deseo por esa generadora de visiones, me trastornaba, de modo que para apaciguarme, continué mirando otras publicaciones que fui desmenuzando con una vista rápida hasta que me detuve en la revista Conecte3, su título me desconcertó, me pareció una incrédula broma, en el encabezado podía leerse con psicodélica tipografía, Led Zeppelin en México, prevenido por mi desconfianza, tomé el ejemplar que era sostenido por una pinza, busqué la nota en el interior y sí, según Arnulfo Flores4, los ingleses tocarían el 29 de febrero de 1979, para esa fecha solo restaba una semana, los boletos se venderían a través de Boletrónico5 y en taquillas, el promotor era José Rota, quien en 1981 traería a Queen a México; sobre el grupo abridor, aún no decidían qué banda elegir, ¿acaso a Lucifer de vocales, a Abraxas en el bajo, a Fausto en los tambores y a Íncubo6 en las seis cuerdas? Lo único que quedaba para confirmar el anuncio, era llegar a casa, sintonizar en el radio El lado oscuro de la luna7 y corroborar lo leído.

 

Entonces todo empezaba a tener sentido, el programa radiofónico discurría en la historia de los ingleses con el título, Led Zeppelin, maestros del rock… pesado, los cómo, los cuándo, los por qué y los dónde se expresaban y claro, también se escuchaban; casi al terminar el programa, Emilio Ebergenyi remachó en su pausado tono, ¡Sí, Led Zeppelin tocará en México!, después continuó con los detalles sobre la venta de boletos. Así que todo aquello era cierto. Solo quedaba una cosa, pagar 275 pesos y asegurar la entrada al olimpo para atestiguar la existencia de la sonora providencia.

 

Llegado el jueves 29, carcomido por el ansia, encaminé mis pasos y la ilusión hacia el Estadio Azteca desde muy temprano, pues era previsible que todo el mundo quisiera entrar, con o sin boleto, ahí me encontré con Owie, inseparable cómplice con quien compartía libros y vinilos, fiestas y bebidas, escritos y anhelos. Hicimos la única fila dispuesta, lo que ocasionó un enorme cuello de botella, gritos, desorden, malentendidos, un caos al estilo mexicano; tres horas después pudimos entrar, a la quinta cerraron puertas lo que causó en el exterior enfrentamientos contra la policía, detenidos y heridos. Adentro, no dispusieron número de asiento, ni secciones, ni pasillos, ni fila y tampoco palcos, todo fue entrada general, ¡un gran desastre! Las doce horas de espera en el interior del estadio fue resistida por efímeros yacimientos de cerveza, por inextinguibles cigarros de mariguana e incuantificables dosis de LSD.

 

El concierto abrió con una pieza original de Willie Dixon, I Can´t Quit You Baby, la versión ejecutada, salvaje, por supuesto, se hizo presente con las más feroces escalas de blues, acompasadas por John Henry Bonham; la zozobra negra había tomado alucinantes y el resultado era este, el lamento y la demencia de negros y blancos incorporadas en una sola pieza. Desatado sobre la paranoia, James Patrick Page liberó un solo de guitarra que desmoronó cualquier indicio de serenidad que aún alguien guardara en el estadio. La homilía musical había iniciado, ya solo restaba entregarse a la ofrenda. Cuando finalizaba el cover, Plant habló a la audiencia sin mirarla.

 

- Mr. Jimmy Page, the guitar - presentó al guitarrista, como si hiciera falta; posteriormente continuó cantando la última línea de la letra, para después voltearse y pararse frente a John Bonham que en veinte segundos dio cátedra con un pequeño solo de batería para concluir la obra - Thank you… we can play something else, that probably you heard before, this is another thing from the first album, is called Dazed And Confuse - Obra que inició con relámpagos emitidos desde la guitarra, y así, de la mano, con el sonido lastimero que solo Page podría ejecutar, un humo brotó como en estallido, no, no era la colisión del Zeppelin del conde Ferdinand8, era el resultado de miles de carrujos de marihuana encendidos de manera simultánea, Plant no pudo ocultar su asombro por tan masiva respuesta, fue tanta su extrañeza que no contuvo la invitación que alguien desde primera fila le hizo al extenderle un cigarro, le dio las tres y empezó a cantar “aturdido y confundido”; esta, como la canción anterior, en su mitad se dio tiempo para adentrarse al infierno, la invitación la hacía esa guitarra espectral ejecutada por el arco de un violonchelo, fue la catarsis ese solo que soltaba alaridos acompasados con la angustia, era el sonido de un animal extinto, acompañado de vez en vez por lamentos de Robert Plant, Jimmy Page no dio descanso, ultrajó ese requinto obligándolo por cerca de dos minutos a dar lo mejor de sí; acompañado del bajo de John Paul Jones; ya entrados en el averno, la bienvenida la dio Bonham y Page sonando con un desenfrenado compás, la audiencia, todos los alumnos del diablo, enloquecimos, ensimismados en el frenético ritmo, Robert Anthony Plant nos regresó a tierra con un cambio de métrica, fue una versión de cerca de quince minutos, un viaje al blues, al rock y a la disolución, por un momento habíamos sido conjurados. En lo que Plant agradecía y se recuperaba de tremendo viaje, de nueva cuenta presentó a Page que sentado en una silla, empezó a tocar White Summer, de su autoría, como siempre haciendo gala de su único estilo, en sus acordes ya sonaban Clapton y Neil Young, aún antes que estos iniciaran, de hecho de ahí prorrumpirían más, muchos sin saberlo.

 

Había algo que me desconcertaba pues claramente escuchaba la resonancia de dos guitarras y solo veía a un instrumento, ¿de dónde diablos sacaba el sonido? Bonham hizo una pequeña incursión, y después de una corta pausa tomó algo de una anforita para posteriormente, como todos nosotros, disponerse a disfrutar de la enorme participación de su coequipero que se paró frente a él, entonces Bonzo9 hace un toque de batería y finaliza la canción.

 

En el ambiente se profesaba una aniquilante electricidad que provenía desde muy adentro del guitarrista, las cuerdas eran electrocutadas por los dedos, y ya quemadas, sobreviviendo, explotaban en los amplificadores, los relámpagos los recibíamos en nuestros oídos y detonaban en nuestras mentes; una vez más el sonido del blues era interpretado por las manos más virtuosas que el rock haya tenido, esa ocasión, ejecutando What Is And What Should Never Be; los cuatro integrantes tenían un excelente manejo del ritmo y del tiempo, se entendían a la perfección, los pulsos, los acentos y la estructura musicales eran sus siervos y de eso había cuenta en cada momento. La obra que siguió fue How Many More Times, Page, sí, otra vez Robert Patrick Page haciendo de las suyas, sometiendo a la Gibson como nadie nunca antes ni después de él, aun cuando los otros tres integrantes desbordaban una desmedida genialidad en sus posiciones, era Jimmy quien sostenía aquella cosa monstruosa, y bueno, al fin y al cabo, era su banda.

 

Los redobles de Bonham eran acompañados por alaridos de Robert Plant, que de vez en vez agregaba y coreaba Whole Lotta Love acompasado por un inconfundible riff de Page de la misma canción, esta, como el resto de las versiones, la extendían hasta el delirio, así como cuando uno está por terminar pero prolonga la llegada del orgasmo. En el medio de la pieza y después de improvisar con la voz, a ritmo de boogie, Plant reinició a mayor velocidad, entonces el bajo de John Paul Jones retumbó en los cuerpos de todos, mientras Robert Plant canturreaba un sonido gutural, interactuamos con él, fue en esta composición cuando más intervino con nosotros, aunque en realidad no necesitaba de eso, ni de enormes pantallas y gigantescas producciones, bastaban ellos cuatro y su música.

 

- Thank you very much - agradece el vocalista y al mismo tiempo hace una caravana - This is a thing… called… Moby Dick!, y así de inmediato, el baterista suelta su tarjeta de presentación con el inconfundible inicio de esta canción, lo acompañan bajo y guitarra para impulsarlo, posteriormente acertaría en un solo, que al ser galopado por dos minutos, dejaría las baquetas para con sus manos tocar tambores, tarola, toms, platillo y tumba, qué sincronía, después repiqueteó con los dedos y después una vez más con las manos; el frenesí, el ímpetu y la exacerbación aglutinaron uno de los solos de batería más largos tocados en vivo, más de trece minutos, después con una velocidad centellante, todos reinician para finalizar la melodía acompañada de el alarido del público, al finalizar, a Bonzo no se le veía agotado, ni siquiera agitado, solo tomó algo y se incorporó pues la banda ya iniciaba Whole Lotta Love, esta versión acompañada de una enardecida y alocada guitarra, con alaridos sexuales y demoniacos que hacían pensar en todas las perversiones del mundo, el bajo acompañaba a la batería para darle un sonido más estruendoso. Posterior e imprevistamente los músicos pararon en sus ejecuciones para dejar cantar a Plant, quien nos arrojaba palabras de la letra de la canción y que nosotros, los asistentes, las coreábamos.

 

- I´m gonna give you every inch of my love – recordé a mi mujer, bueno, a mi ex mujer, reviví todo lo nuestro, todo, qué éxtasis, el recuerdo y la canción, a esta alegoría del sexo y placer, seguiría Rock And Roll, en donde bajo y batería, una vez más demostrarían que esta sección rítmica enaltecía el coraje de un espíritu rebelde.

 

La guitarra de Page fue la que inició con esa sensualidad con la que solo Since I've Been Loving You puede empezar, de inmediato, todos los allí extasiados entramos en coma musical, con una introspección que mutilaba cualquier avisto de conciencia, y en mi caso, además de lo ya detallado, la letra, entonada como un lamento, como si se tratara de las últimas frases de alguien que está por desfallecer, anteponía al juicio frente al paredón. Después, a la mitad de la canción, otra vez Jimmy, demostrando de qué está hecho el rock, de qué debería estar hecho, liberó su mano y edificó uno de los más grandes solos de guitarra, a la ejecución le siguió una pausa para reiniciar en tono de blues, acompañado de esos golpes de Bonham a tambores y tarolas, qué manera de destrozar la batería.

 

La pieza que siguió fue Comunication Breakdown, y con esta terminaron, o eso intentaron, pues iniciamos a corear ¡Led Zep! ¡Led Zep! ¡Led Zep! por varias veces, de manera que salieron, tomaron posiciones y su encore lo iniciaron con C´mon everybody, aquella que hiciera famoso a Eddie Cochran, retomando sus raíces y haciéndonos bailar, bueno, intentándolo en nuestro pequeño espacio; y así, sin parar, mezclaron Something Else, también de Cochran. Posteriormente y con harmónica en boca de Plant, Bring it on home sonó para una vez más recordarnos las raíces de esto que se llama rock, el blues.

 

El final podía sellarse únicamente con una obra, no habría podido ser de otra manera, todos lo sabíamos, el staff, los músicos y los 143,598 espectadores también. Page surge de las penumbras, un halo de luz, azul, permite verlo con una guitarra de dos brazos, una Gibson Double Neck, en el mástil superior 12 cuerdas, en el inferior 6, con las que inicia las primeras notas, pasados solo algunos acordes, John Paul Jones se funde tocando los teclados, lo que me permitiría distinguir momentáneamente que en esa pieza no interviene el bajo en ningún momento, la pieza la había escuchado decenas de ocasiones y nunca había descubierto esa particularidad, tuve que verlo para evidenciar la maestría con la que me mantenían ciego de oídos, pero después sus pies me revelarían la verdad, el órgano tenía un pedal debajo, del que surgían los graves sonidos.

 

Entonces los teclados hacen una pequeñísima pausa para darle entrada a la voz de Plant que modula, There´s a lady who´s sure/All that glittters is gold/And she´s buying the stairway to heaven, así, una luz cae detrás de él, relumbrando más su rubia cabellera, gesticula con brazos y manos, contonea su semidesnudo torso y toma el pedestal del micrófono caminando por el escenario; entonada la línea Sometimes all of our thoughts are misgiven, James Patrick sube su mano derecha al mástil superior, el de 12 cuerdas, para obtener una desmedida ejecución; mientras tanto Bonham permanece ensimismado, esperando su entrada que se entrevé al escucharse, And the forests will echo with laughter, exclamada la frase, las luces estallaron al mismo tiempo que el sonido de los tambores, provocando un estruendo vocal en la audiencia, dejándonos hechizados hasta que el solo de guitarra deshizo el embrujo, solamente para dejarnos arder en las brasas de ese puñado de acordes, el conjuro blandía dedos y mente de Page, el sonido abstraía cualquier asomo de cordura, prendaba al desquicio; todo aquello era un trasiego mental, que acrecentó el desenfreno cuando las manos del guitarrista pasaron al mástil inferior en un rápido movimiento, fraguando un tejido de notas nunca antes descubiertas y puestas a disposición de siervos y practicantes, que durante algunos minutos fuimos trasfigurados por siempre.

 

Al final de la obra y del concierto, sin distinguir cómo, en mi cabeza sonó, Híper-inspiración en una obra atemporal, creada a la altura del vuelo nocturno con trascendencia pesada. Producción Jimmy Page, "Stairway to heaven", "Escalera al cielo". Voz de una generación, belleza estética, idea musical: Led Zeppelin10.

 

 

Su Otro Yo, revista erótica editada por Vicente Ortega Colunga entre los años setentas y ochentas, en sus páginas desfilaron fotografías de vedetes, modelos y escritos de destacados escritores.

2Grace Renat, nombre artístico de la vedete Graciela Prior Marín, nacida en Veracruz en 1955.

4Arturo Flores Muñoz, fundador y editor de la Revista Conecte, editada entre los años 1974-2005.

5Servicio electrónico de venta de boletos operado por el Departamento del Distrito Federal en los años setentas y ochentas del siglo pasado.

6Lucifer, Del lat. Lucífer, éri “portador de luz”; en acep. 2, de Lucifer, príncipe de los ángeles rebelados. Abraxas, para la secta Gnóstica, era una deidad que representaba el bien y el mal. Fausto, personaje que en la Alemania de 1587 surge en el libro Historia von D. Johann Fausten, de autoría anónima. Fausto pacta con el Diablo, intercambiando su alma por placeres mundanos y conocimiento ilimitado. Íncubo, en la Edad Media europea, la mitología popular establecía que Incubus, un demonio masculino, poseía sexualmente a su víctima para tener relaciones sexuales.

7El lado oscuro de la luna, programa transmitido por Radio Educación martes y jueves. Tuvo su primera transmisión el 1° de agosto de 1978 y la última el 12 de noviembre de 1981. El guion radiofónico estaba a cargo de Juan Villoro y quien le daba voz era Emilio Ebergenyi.

8 Mayo 6 de 1937, se accidenta el dirigible Hindenburg después de su viaje trasatlántico, lo que ocasionó el fin de los dirigibles como medio de transporte.

9 Bonzo, sobrenombre de John Henry Bonham, baterista de Led Zeppelin.

10 Viñeta Stairway To Heaven. La viñeta fue uno de los sellos rockcientoúnicos durante su paso en la Frecuencia Modulada, fue un recurso para identificar el título de la canción, grupo, productor, etc. Siempre acompañada de algunas líneas narrativas referentes a la pieza.

 

Nota: Cabe destacar que en los años ochentas, en Rock 101, programaron únicamente y durante todo un domingo, Stairway to Heaven, solo reprodujeron esta pieza, para que al lunes siguiente, alguien llamara a la estación para pedirla nuevamente.

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