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Bestia 2016
Miércoles, 07 de Diciembre de 2016 1410 Rock 101 0

Bestia 2016

 

Por: El eRRE y Karina Cabrera / @errementalrock, @karipunk

Fotografías: cortesía de Bestia Festival

 

La bestia nuevamente fue liberada, cuatro días de intensa experimentación, con sonidos que retan al oído del verso-coro-verso para llevarlo al terreno de las vibraciones, el jam, la liberación de las restricciones del ruido y la constante de Bestia Festival, no encontrarán un evento similar en México, ninguno les va a sacudir de tal forma el oído.

 

Bestia se va comprendiendo lentamente, empieza a saborearse cada vez más con la intervención de espacios como la Biblioteca José Vasoncelos, el día del concierto extremo y el acompañamiento del cine.

 

No ha sido fácil para los organizadores, ya lo platicábamos el año pasado con Claudia Curiel cuando nos presentaba los eventos curados por John Zorn, en esa ocasión se trataba de un órgano monumental a punto de hablar por el 'Dr. Caligari', en el 2016 se trató de 'El Hombre de la Cámara' y el Ciclo Georges Meliès, dos propuestas silentes que en su momento fueron un verdadero reto para el espectador, similar a lo que realiza Bestia en la Ciudad de México.

 

 

Bajo la sombra de 'Matrix Móvil' de Gabriel Orozco, Bestia Festival inició con 47 minutos de vibraciones que nos envolvieron nuevamente en el sonido avant-garde, la pieza de Jim O'Rourke que crece de forma abrumadora conforme se suman instrumentos. La ballena nos observaba flotando en la Biblioteca José Vasconcelos mientras los cambios microtonales iban hacia los macrotonales, fuimos claramente hipnotizados por el oído. Ritmos, divisiones, la estructura que desde el inicio retó a los asistentes a dejarse llevar hacia el interior, con el corazón saltando un latido al seguir la ejecución en un espacio que desde su misma estructura parece concebido para Bestia.

 

En el segundo día nos trasladamos a la Cineteca Nacional para presenciar la primera muestra de cine musicalizado del festival, en su momento 'El hombre de la cámara' de Dziga Vertov fue una de las primeras propuestas que mezcló el documental y el cinema verité con una serie de soundtracks en vivo que lograban resaltar la propuesta visual experimental que hasta la fecha es considerada como una obra de genialidad basada en los recursos y el discurso.

 

La música interpretada por Julián Bonequi, Dora Bartilotti y Fernando Vigueras llevó a 'El hombre de la cámara' a la idea central de Bestia, la renovación de proyectos audiovisuales a través del contexto sonoro. Las diversas exposiciones, los acercamientos, las aceleraciones y los fragmentos de 1929 sobre Rusia después de la revolución siempre resultan impactantes, sobre todo cuando la yuxtaposición del sonido renuevan lo que vemos en la pantalla.

 

 

CONCIERTO DE MÚSICA EXTREMA

A falta de mejor término, llamemos a lo que trae el festival Bestia “música extrema”. A su directora, Claudia Curiel, no le agrada la otra opción de “música experimental” porque espanta a la gente. Y tiene razón. Por “música extrema” entendamos música llevada hasta sus últimas consecuencias, hasta los límites de sus tres componentes básicos: ritmo, melodía y armonía de tal modo que ponga al escucha al borde de sí mismo, que desparrame el ser en la música, como destrozado por una bestia.

 

En su cuarta edición, el festival no desmereció a la leyenda que poco a poco va construyéndose. El sábado 3 de diciembre, en el Lunario del Auditorio Nacional, tuvo lugar la noche magna. En un festival como Bestia, Cleric es la banda fresa, ruidosas embestidas de jazz metálico y al mismo tiempo groovie con vocalizaciones salidas del meritito infierno.

 

Para lo de Simulacrum simplemente no hay palabras que le hagan justicia. John Medeski en el órgano (de Medeski, Martin & Wood), Kenny Grohowsky (de Abraxas) en los tambores y el guitarrista Matt Hollenberg (quien había tocado previamente con Cleric) interpretaron las composiciones de John Zorn que integran su único álbum.

 

Claudia Curiel, organizadora del festival, en entrevista para Rock 101, ya había anticipado que Simulacrum era la banda que no había que perderse en esta edición, y cuánta razón tenía. El sonido que esos tres hombres sacaron de sus instrumentos te emocionaba, pero te hacía pensar, hasta que al final te despellejaba, te dejaba en un gran vacío de música y soledad del ser.

 

Y si dijimos que Cleric era la banda fresa, en el festival Bestia la banda pop es Godflesh. G.C. Green al bajo y Justin Broadrick a la guitarra y voz, acompañados por secas programaciones, entregando su precursora marca de metal industrial. Es una banda de antaño, que nunca había venido a México, por lo que buena parte del público que llenó el lunario los estaba esperando. Invocaciones a Black Sabath sobre un paisaje rítmico post apocalipsis industrial y vocalizaciones de zombie radioactivo. Godflesh cumplió con las pantanosas expectativas de su público tras una estela de masacre auditiva que bien honró la denominación bestial de este festival.

 

 

EL VIAJE A LA LUNA

Al día siguiente, domingo 4 de diciembre, cerramos con un singular cineclub. Una selección de cortometrajes del vanguardista del cine Georges Meliès. Con el acompañamiento en vivo de la música preparada en exclusiva para el festival Bestia-Aural por un ensamble compuesto por John Medeski al órgano (y la flauta, y la medólica), Lee Ranaldo –de Sonic Youth- en la guitarra, el baterista Kenny Grohowsky –de Abraxas, y quien había tocado con Medeski en Simulacrum la noche anterior- y Mike Rivard en el bajo –un colaborador de Morphine-.

 

Experiencia única a la que cabría suponer que ninguno de los presentes se arrepintió de asistir, pues el maridaje de las alucinadas visiones de Meliès con el ejercicio atmosférico que los ejecutantes obsequiaron arriba del escenario, de espaldas al público, pendientes ellos también del ritmo que marcaba cada filme, elevaba el resultado sensorial a una suma considerablemente mayor a los factores que la componían.

 

Para cerrar la primera parte, el vocalista de Cleric se les unió en la cinta llamada “Fausto en los infiernos”, aportando los alaridos de condenado propios para la ocasión. Tras breve intermedio, salieron para el apoteósico cierre, con Ranaldo aporreando, acariciando y sacudiendo su guitarra con baquetas, arcos de violín y lo que por momentos parecían susurros de distorsión, alcanzando un clímax liberador con El viaje a la luna, lo que todos estábamos esperando, que culmina en un frenesí no muy distante al de Sonic Youth.

 

Y cada uno se retira, perdiéndose en el pelaje negro de la noche, imaginando, en fantasías salvajes. qué bestias esperan para desgarrarnos en el futuro.

 

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