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Festival Nrmal, domingo 12
Miércoles, 15 de Marzo de 2017 554 eRRe 0

Festival Nrmal, domingo 12

 

En el día del 50 aniversario de The Velvet Underground & Nico, un disco que prácticamente por sí mismo inventó la música alternativa, la segunda jornada de la edición 2017 del festival Nrmal sirve de excelente muestra para probar el poderío de su legado, desde el ruido preciosista hasta tonos de agridulce tersura.

 

Nrmal es un festival amigable con los asistentes que no exige de largos traslados entre los dos escenarios principales, ubicados uno junto al otro, de tal modo que los grupos cuentan por lo menos con 45 minutos para instalarse y se suceden casi de manera inmediata, basta con dar unos pocos pasos para moverse de presentación en presentación. 

 

Rock 101 llega a tiempo para ver a Oceanss abriendo las acciones en el escenario negro, bautizado como “Reverbaration”. El emergente cuarteto formado en la Ciudad de México canta en inglés y tiene bien aprendida sus lecciones del shoegaze y otros practicantes de la cacofonía controlada en torrentes de armonía distorsionada, viene bien para un día nublado con amenaza de lluvia que nunca se concreta, mientras llegan los primeros concurrentes, quienes acudieron el día anterior van retomando el espíritu festivalero y quienes únicamente vinieron por hoy tratan de entrar en calor.

 

Oceanss da paso en el escenario azul a I.D.A.L.G., originarios de Québec, Canadá, donde el francés es lengua oficial, por lo que no extraña que sus jóvenes integrantes hayan elegido dicho idioma para elaborar las letras que acompañan sus torrentes desbordados de punk que raya en el hardcore con cambios feroces intercalando la voz masculina de uno de sus guitarristas y la femenina de su tecladista que casi parece demasiado grácil para participar en la génesis del animal que lanzan las bocinas.

 

A continuación, Ava Rocha, cantante brasileño-colombiana, que sale portando una máscara de metal. Su propuesta sonora dista de la bossa o el vallenato, en cambio se decanta por pasajes lentos y sinuosos que podrían recordar su formación como vocalista de soul que súbitamente estallan en alaridos de guitarras y una batería febril con letras lo mismo en español que en portugués. En su última canción, “Lingua Loka”, con la cual invita al respetable a bailar, la herencia de la samba asoma un poco la cabecita, sangre caliente verde-amarella finalmente difícil de controlar por mucho tiempo.

 

Desde Chile, Camila Moreno pone pie en el escenario azul para volverse dueña absoluta de él acompañada por una banda en sincronía ideal. Hay un poco de Björk y otro poco de PJ Harvey en lo que hace Camila, aunque también debe decirse que cada vez más consolida una personalidad propia que va llegando a una madurez muy promisoria de la que habrá que estar pendientes. Durante su presentación le alcanza para bailar, cantar, tocar la guitarra, los teclados, el ukulele y unos tambores que por poco tira para finalizar un concierto que quita el aliento, incluso pasándose de su hora fijada de cierre por unos minutos que valen toda la pena.

 

Pero no se acaban las mujeres al frente. En el escenario “Reverberation” es turno de Lorelle Meets The Obsolete, proyecto formado en Guadalajara con Ensenada como refugio, integrado por Lorena Quintanilla (Lorelle) y Alberto González (The Obsolete). Su principal virtud radica en la habilidad francamente impresionante para pasar de la euforia rítmica a melodías más espaciales y contemplativas dejando al público embelesado para lo siguiente.

 

Y lo siguiente nada tenía de contemplativo, pues lo que el dueto argentino Mueran Humanos ejecuta (y pueden pensar en ellos más como “ejecutores” que como “ejecutantes”) se trata de una electrónica dura y física heredera de la electronic body music y el industrial con linduras en letrísticas como “tu madre dice que eres basura” o “ser estúpido es gratis”. Carmen Burguess a cargo de las maquinitas que disparan música sintetizada y Tomás Notcheff activando secuencias y tocando un bajo desnaturalizado brutalizaron a los presentes en el mejor de los sentidos.

 

Vino entonces uno de los platos fuertes de la noche, razón por la que muchos acudieron a este día del Nrmal: Psychic TV, banda liderada por Genesis P. Orridge, una figura que al inventarse a sí misma se ha transformado en icono de subversión y vanguardia, por no ahondar en la huella que ha dejado en la historia de la música primero con Throbbing Gristle y luego con estos Psychic TV. Reformada desde 2003 con alineación totalmente nueva, esta versión de la banda sabe recrear las oleadas de guitarras psicodélicas rompiendo contra la filosa orilla de instinto pop sintetizado desde la cual Genesis desmadeja sus letras esotéricas y paganas. Los visuales, que siempre han sido parte integral de la estética del grupo, se proyecta sobre sus cuerpos y todo el escenario como inmersos en una pecera caleidoscópica. Quizá se echó de menos alguna pantalla adicional para reforzar el asalto sensorial, pero quien estuvo atento a lo que tenía delante, se fue con una gran historia para contar a casa. Si al principio decíamos que el marco de normal venía bien para celebrar el cumpleaños del disco The Velvet Underground & Nico, Psychic TV demostró ser digno portador de ese legado.

 

 

Tortoise se mueve por otro camino. Su desafío radica en lo estrictamente musical, que en su caso no admite categorías. Algunos, a falta de un mejor término, lo han encasillado dentro del “post-rock”. Dejémoslo gran música, música en donde cada elemento de la interpretación está en el lugar perfecto y ha sido pensado y repensado hasta lograr un precisión perfecta, aunque no se oye tan sesudo como el jazz avanti-garde ni forzado como algunos de los momentos más tediosos del rock progresivo. Si Genesis P-Orridge rompe con los géneros de manera orgánica, Tortoise lo hace más hacia dentro. Me refiero a que por un momento te olvidas de que tú lo que acostumbras escuchar es a los Ramones o a King Crimson, simplemente te vas disolviendo en la cascada de notas que van espantando el frío de la noche, hasta que eres indiferente a la temperatura, te has vuelto uno con el ritual que ocurre cada vez que un grupo de seres humanos se reúne a despertar la magia de unos instrumentos antes mudos y en ese instante que ha durado casi hora y media pero que se fue como un suspiro –como el amor- lo maravilloso parece normal.

 

 

Y entonces aterrizas, porque te enfrentas al gentío, a los taxistas que te ven cara de millonario y, en fin, el pequeño caos que siempre implica salir de un evento como el Nrmal. Hasta que recuerdas que según un viejo mito hindú el mundo es cargado por una tortuga, que al final resultó más astuta que la liebre. Te relajas, enciendes un cigarro y a paso lento te pierdes por la larga noche de avenida constituyentes, soñando despierto hasta el próximo Nrmal.

 

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