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Historia de un bot sin toalla
Miércoles, 20 de Enero de 2016 743 Karina Cabrera 0

Historia de un bot sin toalla

Hay bandas que te enseñan a cantar a grito pelado en la madrugada golpeando el volante, Tom Petty and the Heartbreakers es una de ellas, al menos esa es mi primera reacción cuando aparece 'American Girl' en el radom de mi reproductor, aunque eso en la memoria colectiva nos lleve a la referencia de una noche en el 'Silencio de los Inocentes', en mi caso tiene final feliz, siempre conservo mi piel.

 

Hay grupos que te enseñan a hacer pogo dance como The Jam y The Clash, así como hay otros que te obligan a levantar un puño amenazador en el aire, como Rage Against The Machine y Anti-Flag, pero los que más aprecio son los que me enseñaron a escuchar y me llevaron a salirme de la música para explorar la extensión de las canciones en otros contextos.

 

En Sonic Arsenal de vez en cuando los invito a escuchar con audífonos y cerrar los ojos para descubrir la mezcla y el poder de algunos cortes que remueven las entrañas, un ejercicio que empecé a realizar en la adolescencia cuando apareció el primer discman en mi casa. Armada con unos audífonos empecé a apretar ese botón de dopamina que nos hace repetir constantemente las canciones por la satisfacción que provocan, de forma pausada descubrí que había diversas capas, algunas imperceptibles cuando ponía el disco en el sistema de sonido casero.

 

Desde esa burbuja creada por el ruido de uno, que se percibe extraño desde el exterior cuando se observan los movimientos sin música, empecé a desmenuzar capas con 'Animals' de Pink Floyd, que me volaba la cabeza cada vez que aparecía un solo de guitarra, pero también empecé a notar esa serie de sonidos que acoplados de forma perfecta se volvían imperceptibles. Lo mismo me ocurrió con una banda que después me otorgó el gusto por la ciencia ficción de línea enredada pero extremadamente simpática.

 

Conozco a Radiohead como todos, desde 'Creep', pero también lo conozco a través de las crónicas de mi hermano en ese concierto de Pachuca y otra ocasión que entrevistando a Camilo Lara me contó la travesía del grupo en su primera vez en México y aquella azotea de Guanajuato donde meditaban lo que le sucedería a la banda. Sin embargo conozco a Radiohead más por las exploraciones resultantes de escuchar demasiado tiempo con audífonos, analizando el arte de Stanley Donwood y los booklets ocultos, siguiendo los experimentos sonoros que fueron creciendo y analizando las letras que me llevaron a leer en varias ocasiones la historia donde levantar el dedo pulgar y acarrear una toalla se vuelve fundamental. Gracias a Radiohead me quedé con Douglas Adams, aunque mi disco favoritos siguen siendo 'The Bends', 'Kid A' y 'Hail to the Thief' (en ese orden).

 

Hay bandas con las que uno se conecta de forma emocional, pero que te obligan a observarlas de forma profesional, pero que debido a la conexión te hacen perder la objetividad, para mi Radiohead es una de esas bandas, la disfruto hasta que me lleva a ese glorioso estado gris que me hace enchufarme con la idea de que toda canción tiene un origen, de ahí salió la idea de realizar una columna en Rock Stage, donde mensualmente conté el contexto y las anécdotas que inspiraron una canción durante casi cuatro años.

 

Ya no escucho Radiohead con tanta frecuencia como lo hacía hace algunos años, incluso me perdí su última presentación en México, sin embargo sigo pendiente de lo que ocurre alrededor de sus integrantes, porqué sigo encontrando inspiración y me vuelven a llevar a donde no he estado, porqué hay bandas que te transportan sin separar los pies del suelo.

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