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7 años
Las dos canciones en tinta negra
Martes, 07 de Marzo de 2017 3478 Rock 101 0

Las dos canciones en tinta negra

 

Por: B7XO / @Btxo

 

Una de las partes románticas que más me gusta de los programas sobre estudios de tatuaje es cuando el cliente le relata al artista corporal (que no tatuador) las razones de su diseño. Aun cuando a estas alturas los tatuajes son cosa común, y considerados un arte, dicho fragmento de cada historia alrededor de un tatuaje responde a la sensibilización del producto con un discurso de doble humanización, es decir: cliente y artista corporal son seres humanos y tienen sentimientos. 

 

Hace tiempo escribíamos aquí sobre el poder que tienen las canciones en una relación de pareja y cómo es necesario devolver las canciones prestadas, porque cada canción que se dedica es prestada, a pesar de que dejan una huella indeleble por debajo de la piel. No obstante, la referencia en este caso, que termina siendo un símil con los tatuajes, son las canciones que se quedan cuando alguien muere. 


Los especialistas en psicología aseguran que un duelo por separación es más intenso que un duelo por fallecimiento porque quien se aleja sigue respirando el mismo oxígeno que nosotros. Sin embargo, las canciones obran al revés de dicha teoría sobre el duelo porque una melodía evoca a alguien que solamente se ha ido, y la otra rinde culto a quien ha desaparecido del planeta; el dolor es diferente en significado e intensidad. Y más aún, porque las primeras canciones son prestadas, o bien usurpadas, y las segundas son canciones heredadas que, en algunos casos, es obligatorio volver a escuchar. 

 

Alrededor de las imágenes como recuerdos se han escrito canciones hermosas como Pictures of You de The Cure y Every Picture Tells a Story de Rod Stewart. Los recuerdos pueden ser canciones y tatuajes, pero qué tal que las canciones fuesen también tatuajes. Pero no, no me refiero a tatuarnos solamente la letra de una canción o un pasaje hermoso que haga referencia a una memoria; en este caso el tatuaje obra como ancla para la canción y el recuerdo que se evoca cuando observamos la tinta encajada en la piel. De igual manera, de acuerdo con los avances de la ciencia, quien murió puede convertirse en un árbol o en un acetato para tornamesa gracias a un nuevo tratamiento de cenizas. El efecto es similar: el árbol se riega para verlo crecer y florecer con las cenizas como semillas de una vida nueva, y el acetato reproduce las memorias en alta fidelidad, acrecentando el recuerdo. 

 

 

Por otro lado, también puede coquetear con el masoquismo eso de andar promoviendo recuerdos dolorosos, sin embargo, con un duelo bien trabajado las evocaciones pueden ser enriquecedoras. 

 

Hace unos días, mi amigo el ChiCarcass (sí, ya sé que mis amigos tienen apodos horribles) me mostró orondo un tatuaje que tiene en el dorso de su mano izquierda: un código QR. “¡Es un pinche código QR!”, le dije señalando la plasta de tinta, la verdad, un poco harto de su petulancia, pero me contestó: “Es que el tatuaje va más allá”. Cuando escaneé el código con mi teléfono móvil, en la pantalla se desplegó el video del nacimiento de su hijo. Me sorprendí agradablemente. :D 
Entonces pensé que si bien rendimos homenaje a nuestros muertos de muchas maneras, la mayoría artísticas, reproduciendo su imagen en un tatuaje, un cuadro, un montaje, una escultura hecha con las cenizas, un diamante, etcétera, por qué no grabar en nuestro cuerpo todas aquellas melodías que los identificaban y que, de una forma u otra, nos han heredado. 

 

Quizás pasen siglos antes de que alguien invente los tatuajes multiformato que incluyan luz y sonido, pero por lo pronto es muy sencillo apuntalar la memoria en nuestra piel más allá de la tinta, porque, en todo caso, el tatuaje de un código QR que te envíe a una playlist sería como la puerta a otra dimensión, quizás al pasado si nos ponemos creativos y en lugar de una lista de canciones desplegamos en la pantalla del teléfono móvil una home movie musicalizada con el soundtrack de su vida. 


 

De esa forma también se expandiría la usabilidad del cuerpo humano al convertirnos en ciborgs proyectores de memorias, música e imágenes. Porque si de algo adolece el ser humano en estos tiempos de dolor y estrés, es de su capacidad por conmoverse. Y nada, es tan sólo una idea. 

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