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México, antes y después de Waters
Martes, 04 de Octubre de 2016 37610 Rock 101 0

México, antes y después de Waters

 

Por: Alex Salas / @WinyCuper

 

“Así sucede con la estetización de la política que propugna el fascismo. Y el comunismo le responde por medio de la politización del arte”  
- Walter Benjamin 

 

Es duro, lo sé, despertar digamos un 27 de septiembre de cualquier año y darse cuenta que eres parte del sistema; de un sistema cruel que te hace pensar que eres libre, que puedes hacer lo que quieras, claro, siempre que tengas algo de dinero. De un sistema que te obliga a levantarte, cepillarte los dientes y comer una manzana diaria porque es lo más sano. Un sistema que te hace sentir que a bordo de un auto estás más seguro que en el subsuelo a lado de todas esas bestias que van a hacer nada más y nada menos que tú: mantener vivo el sistema. El SISTEMA, un reloj de engranaje tan perfecto que incluso la revolución forma parte de él, de tal forma que, si tu ingenuidad crítica por un momento cree que retwitteando un mensaje de protesta o gritando una consigna en una manifestación te hace estar fuera de este sistema, temo que has vivido en un error.

 

Después de leer tanta méndiga opinión de expertos y no tan expertos, me han puesto muy incómoda esas ganas de unos que, por sentirse poseedores de ciertos conocimientos, creen que pueden, justificados siempre por la fantasmagórica y cada vez más abaratada libertad de expresión, pasar por encima de la sensibilidad de las personas. Me pregunto si aquellos que critican la megalomanía de Roger Waters, así como su demagogia y falsa protesta se han puesto a pensar por un segundo que eso que tanto se esmeran en derrumbar, son las ilusiones de una madre que llora por su hijo cuando escucha las canciones de Pink Floyd porque éste ya no está; me pregunto si conocen sobre la soledad de un hijo que anhela platicar con su padre cuando escucha 'In The Flesh'. Me pregunto si su afán por tener la razón puede más que aquel beso apasionado bajo la luz de la luna escuchando 'Wish You Were Here'.

 

Debo confesar que antes de asistir a los conciertos de Roger Waters la semana  pasada, yo también tuve miedo. Miedo de enfrentarme a lo obvio; que el ex Pink Floyd es ya un sujeto avanzado en edad que también forma parte del sistema que tanto critica, que tal vez y sólo tal vez, el enorme ego que algunos le subrayan  (como si no tuvieran uno igual) lo mantenga viviendo de glorias pasadas. Tuve miedo de que la música que acompañó mi infancia gracias a la influencia de mi hermano y que posteriormente formó parte de mi personalidad fuera una completa farsa y que ese discurso anticapitalista fuera tan solo aire musicalizado. 

 

Tuve miedo de que después de escuchar todo lo que Roger Waters tenía que decir y tocar, todas esas miles de almas quedáramos perfectamente igual que antes de escucharlo, sin experimentar cambio alguno. Puedo decir con alegría que no fue así, ya que su discurso que antes de ser político, es más bien un discurso de amor que sigue más vivo que nunca y deberíamos hacer hasta lo imposible por replicar.

 

Roger Waters tiene algo que decir, algo importante y ha defendido su derecho a decirlo desde que comenzó con su carrera. Supo que no lograría decirlo al lado de Syd Barret. Supo que no lograría hacerlo tocando junto a Pink Floyd. Supo incluso que eso que tiene que decir quizá no sería comprendido en los años setenta y ni siquiera en décadas posteriores. Supo que sería criticado. Supo que tendría que hacer de todo para lograrlo. Supo que tendría que gastar mucho dinero. Supo también que perdería amigos y ganaría enemigos. Supo también que el mundo aún no estaba del todo listo para entender que la guerra no es la solución porque todos somos hermanos. Quizá el mundo aún no esté listo para entender que no necesitamos muros ni fronteras, sin embargo, ahí va el hombre, pregonando su mensaje cual evangelista, anciano, enérgico, alegre pero sobre todo, muy convencido de eso que vino al mundo a decir.

 

 

  • EL LADO ROGER DE LA LUNA

Jueves 29 de septiembre. Una noche previa, el originario de Cambridge ya había sentado antecedentes del primer capítulo de su temporada México 2016 y fue de lo más increíble. Ya para entonces los que no habíamos asistido la noche del 28 sabíamos bien que Algie había sobrevolado por los ácidos cielos mexicanos con consignas en contra de Donald Trump y pronunciándose por los 43. También ya sabíamos que en esa enorme pantalla de ensueño había aparecido en grande: RENUNCIA YA y por supuesto también sabíamos acerca del pronunciamiento hacia el gobierno mexicano. Lo que no sabíamos era que esas canciones que nos han acompañado desde hace ya varias décadas sonarían tan únicas, tan exactas, tan precisas, tan nuestras. Algo así como si las hubieran hecho ayer solo para ese momento.

 

Como todo concierto organizado por su promotora musical de confianza, resultó todo muy bien como una cabeza con cabello engomado. Nada fuera de lugar; un jueves cálido y sin tormentas que permitió que la gente entrara y saliera en completo orden. Apenas nos habíamos acomodado en nuestros lugares cuando un sujeto y una sujeta de seguridad se atrevieron a revisar nuestros cigarros porque bueno, el lugar (no solo el de nosotros) olía muy sospechoso. 

 

 

Esta noche Algie no voló, tal vez la lluvia química de la experiencia anterior hizo estragos en su pachona figura. Así, en completa armonía sonaron 'Speak to Me', 'Breathe', 'Set the Controls for the Heart of the Sun', 'One of These Days' (primera vez tocada por Waters), 'Time', 'Breathe (Reprise)', 'The Great Gig in the Sky', 'Money', 'Us and Them' y 'Fearless' extraída del 'Meddle' y, según los expertos, nunca antes tocada por un miembro de Pink Floyd después de 1971, mientras sonaba, la imponente pantalla mostraba pintas en paredes y frases en carteles que hablaban de la hermandad, de la conciencia, de la libertad, la humanidad, de la comunidad, el sentido común y la solidaridad para finalizar con una enorme pinta que decía “If you are not angry, you are not paying attention” cerrando con una gran imagen plagada de pequeñas banderas de Palestina en una manifestación. Se registran para entonces varias pieles chinas y las primeras lágrimas de la noche.

 

Siguieron entonces 'You’ll Never Walk Alone' de Gerry & The Pacemakers, 'Shine On You Crazy Diamond (Parts I-V)', mi favorita del mundo y la temible 'Welcome to the Machine', ese soundtrack perfecto para el apocalípsis. Luego vino 'Have a Cigar' y 'Wish You Were Here', y aunque fue un momento cumbre, yo creí que ese sería el momento del encendedor, pero me parece que ya estoy muy fuera de onda. Continuaron con 'Pigs on the Wing (Part 1)', 'Dogs', 'Pigs (Three Different Ones)', y el fabuloso recorrido visual de Trump satirizado de todas las formas posibles que culminaban en un enorme “Trump eres un pendejo”. 

 

'The Happiest Days of Our Lives', 'Another Brick in the Wall (Part 2)', y el feliz momento del encendedor que me hizo sentir ya no tan fuera de onda, aunque fue con 'Mother ' donde me atrevo a decir que todos necesitamos un Kleenex. Vaya que era la canción que todos los mexicanos necesitábamos escuchar en ese momento, pues hasta el mas macho se rinde ante un “Confía en ti, tranquilo, todo estará bien” en ese dulce resonar de canción de cuna; una dulzura enmarcada por la increíble voz de Holly Laessig y Jess Wolfe, a muchos nos hubiera gustado quedarnos a vivir en ese momento, pero era tiempo de 'Run Like Hell', 'Brain Damage', y 'Eclipse' y fue entonces que todas esas imágenes ochenteras en las cabezotas de los millennials al fin tuvieron sentido.

 

No había otra forma de concluir un concierto de Roger Waters que no fuera 'Comfortably Numb', pero antes de el cierre colosal, Waters nos aplicó otra manita de puerco emocional con 'Vera' y 'Bring the Boys Back Home', y solo que tuvieras atole en las venas, hubieras podido no llorar.

 

  • EL LADO WATERS DE LA LUNA

El sábado primero de octubre la historia fue ligeramente distinta. Me ubiqué desde las 4:00 p.m en la esquina de 16 de septiembre e Isabel la Católica para observar el fenómeno. Logré ver la emoción de miles de personas, familias completas, ancianos acompañando a sus nietos, niños, vendedores dando informes: “van a tocar los de Pin Floi” decían. 

 

Unas adolescentes japonesas perdidas enloquecieron cuando les dije que Roger Waters tocaría en la Plaza de la Constitución. Vi como la euforia y el anhelo por vivir una aventura derrumbaron por al menos tres veces el débil muro de la autoridad a la voz de “¡Portazo, portazo!”. No había muros, había hermandad. No había juicios, había solidaridad.

 

 

Ocho de la noche en punto y un escenario perfecto enmarcaron ese sueño donde Roger Waters no fue el protagonista. Bastaba con ver las miradas y sentir la ligerísima llovizna sincronizada con el vaivén de los cuerpos. 

 

Lo que pasó esa noche ya forma parte del soundtrack de nuestras vidas. La noche del primero de octubre cuando Roger Waters, el maniático, obsesivo y egocéntrico causante de la separación de una de las bandas más enigmáticas y populares de la historia, vino a México y tocó en el Zócalo de nuestra Ciudad, donde además le solicitó al presidente que renunciara y escuchara a su gente, y no sé, me gusta pensar que tal vez, en sus desmedidas ganas por querer llamar la atención, logró sembrar una semilla de esperanza y hermandad en el lugar más infértil de la tierra para ese propósito: México.

 

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