La delicadeza poetica de Oscar Wilde, confirmada en la obra maestra de Norman Cook
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Hay un momento dentro del álbum que resume toda la paradoja de Halfway Between the Gutter and the Stars* Ocurre cuando Bootsy Collins pronuncia, casi como una advertencia disfrazada de invitación: "Don't be shy by the tone of my voice...". No es una frase agresiva ni desafiante; al contrario, parece una petición de confianza. La voz grave y elástica de Collins funciona como un narrador que invita al oyente a dejar atrás los prejuicios y entregarse a la experiencia.

Es una introducción perfecta para una canción cuyo verdadero tema nunca fue la violencia sugerida por su título. La "arma" de "Weapon of Choice" no dispara balas. Dispara identidad. La auténtica arma es aquello que cada persona decide utilizar para expresarse frente al mundo: el talento, el ingenio, el humor, la imaginación o el propio cuerpo. Norman Cook transforma una expresión asociada al poder en una celebración de la individualidad.
Por eso el video dirigido por Spike Jonze resulta mucho más profundo de lo que aparenta. En lugar de recurrir a modelos, efectos espectaculares o una narrativa convencional, coloca en el centro a un actor de sesenta años cuya carrera había estado marcada por personajes inquietantes, ambiguos e incluso violentos: Christopher Walken.
La elección parecía absurda.
Precisamente por eso era perfecta.

Walken nunca intentó bailar como un profesional. Bailó como Christopher Walken. Con movimientos impredecibles, elegantes, ligeramente excéntricos y absolutamente personales, convirtió el vestíbulo vacío de un hotel en un escenario donde la libertad era más importante que la técnica. Cada paso parece desafiar las expectativas del espectador. Cuando finalmente rompe las leyes de la gravedad y comienza a flotar por el aire, la coreografía deja de ser un número de baile para convertirse en una metáfora visual: quien encuentra su verdadera manera de expresarse termina escapando, aunque sea por unos instantes, del peso del mundo.
Allí reside la conexión más profunda entre la canción y la frase de Oscar Wilde que da nombre al álbum.
Todos estamos en el lodo, pero algunos siguen mirando las estrellas.
Walken pasa buena parte del video caminando por un edificio ordinario, casi burocrático. Sin embargo, de repente ese espacio cotidiano se transforma en un lugar de imaginación absoluta. No cambia el escenario; cambia la actitud con la que se habita. Exactamente la misma idea que Wilde formuló con palabras y que Norman Cook convirtió en sonido.
No es casualidad que el video terminara obteniendo múltiples reconocimientos y convirtiéndose en una de las piezas audiovisuales más influyentes de la historia de MTV. No triunfó por sus efectos especiales, que son mínimos, sino porque comprendió una verdad elemental: la autenticidad siempre resulta más fascinante que la perfección.
Christopher Walken no interpreta al protagonista de "Weapon of Choice".
Él es la weapon of choice.

Porque representa a quien ha dejado de preocuparse por la aprobación ajena. Su arma no es la fuerza ni la juventud. Es la personalidad. La confianza de alguien que entiende que el estilo no consiste en parecerse a los demás, sino en profundizar aquello que nos hace únicos.
Esa es, probablemente, la lectura definitiva de la canción. Norman Cook nunca escribió un himno sobre el poder. Escribió un himno sobre la autenticidad. Y Spike Jonze encontró al único intérprete capaz de demostrarlo sin pronunciar una sola palabra. Bastó con verlo bailar para comprender que, entre el lodo y las estrellas, la mejor arma que una persona puede elegir sigue siendo la misma: ser plenamente ella misma.


































