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This Is Not America... era solo natural que Metheny y Bowie se encontraran algún día

Hay encuentros musicales que sorprenden. Otros, en cambio, parecen inevitables. David Bowie y Pat Metheny pertenecían a universos aparentemente demasiado distantes como para coincidir: Bowie, el camaleón definitivo del rock, arquitecto de personajes, sonidos y futuros posibles; Metheny, uno de los grandes exploradores de la guitarra contemporánea, capaz de llevar el jazz hacia territorios donde el rock, la electrónica, el folk y la música brasileña convivían sin pedir permiso.



Pero debajo de esa diferencia existía una coincidencia esencial: ambos desconfiaban profundamente de las fronteras.


Bowie nunca entendió la música como un territorio que debiera permanecer intacto. Metheny tampoco. Uno transformaba identidades; el otro transformaba lenguajes. Uno podía convertir el pop en teatro, el rock en ciencia ficción y la canción en una obra de arte conceptual. El otro podía tomar la guitarra eléctrica —instrumento asociado históricamente al blues y al rock— y convertirla en una especie de instrumento orquestal, capaz de respirar, flotar y desaparecer dentro de una arquitectura sonora.


Por eso, cuando sus caminos finalmente se cruzaron en 1985 para This Is Not America, la colaboración tenía mucho más sentido del que parecía a primera vista.


La canción nació alrededor de la película The Falcon and the Snowman, dirigida por John Schlesinger, pero terminó trascendiendo por completo su condición de tema cinematográfico. Metheny Group construyó la atmósfera musical y Bowie escribió e interpretó la canción. El resultado fue algo particularmente extraño para la época: una canción pop sin verdadera voluntad de ser pop.


No hay aquí la grandilocuencia de Let's Dance, ni la teatralidad de Ziggy Stardust, ni la experimentación abrasiva de Low. Bowie parece cantar desde un lugar mucho más contenido, casi espectral. Y detrás de él, Metheny construye un paisaje sonoro que parece estar ocurriendo en otra dimensión.


La guitarra no funciona como protagonista convencional. No busca el riff memorable ni el solo virtuoso. Su función es mucho más sofisticada: crear espacio.


Y ahí aparece una de las grandes virtudes de Metheny como músico. Su genialidad nunca dependió exclusivamente de la cantidad de notas que pudiera tocar, sino de comprender qué debía hacer una nota dentro de una canción. En This Is Not America, la guitarra parece iluminar zonas que la voz de Bowie deja deliberadamente en penumbra.


La canción, además, posee una ironía casi perfecta.


El título dice This Is Not America, pero la canción está profundamente obsesionada con Estados Unidos. No con el país idealizado de la cultura popular, sino con su reverso: la violencia, la paranoia, la fragilidad del sueño americano, la distancia entre la imagen que una nación proyecta y aquello que ocurre detrás de esa imagen.


Y eso también explica por qué Bowie era el cantante perfecto para interpretarla.



Bowie llevaba toda su carrera preguntándose qué había detrás de las apariencias. Detrás de Ziggy estaba David Jones. Detrás del glam estaba la alienación. Detrás del espectáculo estaba la identidad. Detrás del futuro estaba el miedo.


Metheny, desde otro lenguaje, hacía exactamente lo mismo con la música.


Desmontaba las apariencias.


Su jazz nunca quiso permanecer encerrado en el jazz. Su guitarra podía sonar a América rural, a Brasil, a música electrónica, a Miles Davis, a Joni Mitchell o a una banda sonora de ciencia ficción. Metheny entendía la tradición no como una prisión, sino como materia prima.


Y Bowie entendía exactamente lo mismo respecto del rock.


Quizá por eso This Is Not America funciona tan bien: porque ninguno de los dos intenta llevar al otro hacia su territorio. Se encuentran en un territorio nuevo.


Metheny no convierte a Bowie en un cantante de jazz.


Bowie no convierte a Metheny en un guitarrista de rock.


Ambos hacen algo mucho más interesante: construyen una canción que no pertenece completamente a ninguno de los dos.


Hay además una dimensión histórica fascinante. Estamos en 1985, en plena década del espectáculo global, de MTV, de los grandes conciertos, del pop convertido en industria planetaria. Bowie acababa de atravesar su etapa más masiva. Metheny, mientras tanto, seguía desarrollando una de las propuestas instrumentales más personales del jazz contemporáneo.


En medio de aquel mundo de colores estridentes, This Is Not America apareció casi como una anomalía.


Una canción oscura.


Una canción cinematográfica.


Una canción que parecía mirar a Estados Unidos desde afuera, incluso cuando hablaba desde su propio centro.


Y quizá ahí estaba precisamente la razón de su encuentro.


Bowie siempre fue un extranjero en todas partes. Metheny siempre fue un extranjero dentro de su propio género.


Uno convirtió la identidad en una obra de arte. El otro convirtió la música en una frontera permanentemente móvil.


Cuando Bowie canta This is not America, no está simplemente pronunciando una frase política. Está cuestionando la propia idea de una identidad nacional convertida en espectáculo. Y cuando Metheny construye el paisaje musical que lo acompaña, parece recordarnos que la música estadounidense —el jazz, el blues, el rock, el folk— nació precisamente de la mezcla, del desplazamiento, de la contaminación entre culturas.


Por eso el encuentro resulta tan elegante.


No es una colisión.


Es una conversación.


Una conversación entre dos artistas que entendían que la música más interesante siempre comienza donde terminan las categorías.


Y quizá por eso, escuchada cuatro décadas después, This Is Not America conserva algo inquietante. No suena como una canción de 1985. Suena como una pregunta que nunca terminó de ser contestada.


Bowie pone la voz.


Metheny pone el paisaje.


Y entre ambos aparece una idea profundamente contemporánea: que a veces para entender un país hay que mirarlo desde afuera; que para entender una identidad hay que cuestionarla; y que para hacer música verdaderamente libre hay que dejar de preguntarse a qué género pertenece.


Era solo natural que Metheny y Bowie se encontraran algún día.


Porque los dos llevaban toda su vida intentando escapar de América, del rock, del jazz, de la identidad y de sí mismos.


Y cuando finalmente se encontraron, hicieron algo que ninguno de los dos habría podido hacer solo:


una canción sobre un lugar que quizá nunca existió.


This is not America.


Tal vez justamente por eso lo sea.



 
 
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