Omar Hakim, la calibracion correcta del ritmo
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Hay bateristas que golpean el tiempo. Otros lo persiguen. Y están los que lo calibran.

Omar Hakim pertenece a esta última estirpe: la de los músicos que no solo ejecutan el ritmo, sino que lo afinan como si fuera un instrumento de precisión quirúrgica.
Hablar de Hakim es hablar de exactitud sin rigidez, de potencia sin estridencia, de sofisticación sin exceso. Su batería no invade: estructura. No presume: ordena. En una época donde la espectacularidad suele confundirse con talento, él convirtió la moderación técnica en una forma superior de virtuosismo.
Hijo del trombonista jamaicano Hasan Hakim, Omar creció entre jazz, funk y disciplina profesional. Esa formación híbrida explica su elasticidad estilística. Puede deslizarse por el jazz eléctrico con Weather Report, sostener el pop milimétrico de Sting, inyectar energía controlada en Dire Straits o aportar groove elegante a Madonna, Daft Punk o David Bowie. Siempre el mismo pulso; nunca la misma intención.

En Brothers in Arms de Dire Straits —donde regrabó prácticamente todas las baterías del álbum— su intervención no fue ornamental: fue estructural. Ajustó dinámicas, equilibró espacios, dio cohesión a un disco que exigía sobriedad y precisión digital en plena transición hacia la era del sonido limpio y expansivo de los ochenta. Su toque en “Money for Nothing” es contundente, pero jamás exagerado; es matemática con alma.
Hakim entiende algo que pocos bateristas internalizan: el ritmo no es velocidad, es ubicación. El golpe correcto no es el más fuerte, sino el que cae exactamente donde debe. En su ejecución existe una calibración casi científica del espacio entre notas. No hay ansiedad por llenar silencios. Hay respeto por el aire.
Su técnica es impecable, sí. Pero lo verdaderamente notable es su inteligencia musical. Escucha antes de tocar. Se adapta antes de imponer. En Weather Report, junto a Joe Zawinul y Wayne Shorter, supo navegar armonías complejas sin perder el pulso terrenal del funk. En el universo pop, donde el metrónomo es ley, logró que la precisión digital sonara humana.

Esa es su paradoja: es uno de los bateristas más técnicos de su generación y, sin embargo, rara vez parece demostrarlo. La calibración correcta del ritmo implica humildad. Significa entender que la batería no lidera desde el ruido, sino desde la estabilidad invisible que permite que todo lo demás exista.
Omar Hakim no toca para ser visto. Toca para que la música respire con exactitud.
Y en esa exactitud, profundamente humana, reside su grandeza.

























